La Llegada

Todavía no se había estabilizado el avión cuando me quedé dormido. De repente, sentí un golpe, un codazo que me despertó. La chica sentada junto a mí reclamaba con poca delicadeza parte del apoyabrazo que compartíamos. Era estrecho e incómodo. El asiento, rígido y duro. Me incorporé intentando buscar un ápice de comodidad y abrí los ojos. Qué sensación más reconfortante. Siempre me ha gustado la ventanilla. Te deja volar la imaginación y relajarte disfrutando de unas vistas extraordinarias. El sol entraba por la pequeña ventana de mi asiento y calentaba mi rostro. Estaba atardeciendo, el cielo despejado y el inmenso vacío que surcábamos me daba la bienvenida a Marruecos.  Leer más “La Llegada”